
Muchos confunden sus impulsos con urgencias.
Ella hace efectivamente, con rapidez, cosas que no cambian la situación.
Soy Paulina, tengo 16 años, mido 1.58. Escribo cuando quiero contarle a nadie. Me gusta la música. Siempre guardo un poco de perfume para recordar. Amo inconscientemente el morado. No le digo te quiero a cualquier persona. La canción del Titanic me sensibiliza. Me da miedo la tranvía. Admito que no siempre me gusta estar acompañada. Y creo que el mundo es un cuento.



En mi corazón llevo un dolor. Es azul y negro tiene un gran peso, ya no hay remedio, ya no hay más
Y las palabras sobre el papel me alimentan y quitan la sed. Manchada de errores que quiero borrar si cierro la boca y me dejo llevar.
Ven, mi corazón, llévame de hiel el dolor, a donde no hay recuerdo, donde ya hay silencio, donde es suficiente con ser yo y no más.










Mi pelo estaba ondulado y olía a extractos de limón, mis pies estaban algo sofocados porque mis zapatillas me apretaban mucho, usaba un chaleco a rayas que rara vez lo llevo puesto y creo que mis labios estaban rojos del frio y me dolían, pero yo no le daba mayor importancia a eso.
arándolo con otras cosas sé que es algo pequeño. Pero si nos ponemos a comparar entonces siempre va a haber algo peor.
Yo solía sentarme en la silla y creerme tú; era quizá el placer de sentir en mí, la tarea de ser alguien grande - aun así cuando mis cortos pies no podian tocar el piso, y mis zapatos se calleran bajo el escritorio- . Recuerdo la sensación del boligrafo que se hundía levemente en las hojas lineadas, y la mezcla del olor entre tinta y papel viejo. Era agradable y era para mí una parte de tu propia identidad. Imagino que luego te encontrabas con mis escritos, que para tí y cualquier persona eran solo rayas color azul y rojo, ya que eran solo esos los colores que tenias en tu lapicero y no sabes cuanto me sorpredia cuando tenias el color verde. Seguía dezcalsa, por lo que acostumbraba a ponerme tus zapatos -que eran y siguen siendo de cuero HushPuppies color café o negro-, eran los que, en el momento en que cuando tocabas el timbre de la puerta se me salían y quedaban en el largo pasillo que tenía que atravezar para llegar a la puerta, y siesque no se caian en ese instante, entonces lo hacian cuando saltaba sobre tus brazos y hacía que soltaras los papeles o maletines de tus manos para levantarme y darme un gran giro por el aire, que siempre me hacía cosquillas en la guata, y yo reía y gritaba; “ !!!!! PAPÁ !!!!!! ”